
¿Te has puesto a pensar si los productos que compras realmente te son útiles o solamente te identificas con la marca como un estilo de vida?, hoy en día la comunidad no presta mucha atención a los productos y sus reales servicios, por el contrario, se dejan llevar más por el reconocimiento visual y tradición de una marca, para sentirse dentro de un círculo de personas con un estilo de vida propio dejando a un lado las verdaderas funciones básicas del producto.
Empresas como Coca-Cola y Nike utilizan estas estrategias de marketing para ganar clientes y así fidelizarlos a la marca vendiendo un sentimiento o un estilo de vida y no un producto como tal; algunas de estas empresas aprovechan este bienestar a costa del trabajo, casi esclavo de millones de personas en las zonas de procesamiento de las exportaciones sin reconocer lo que hacen éstas, ya que las multinacionales son las que se quedan con el crédito y siguen ganando más prestigio.
Algunos consumidores hasta llegan a desconocer el origen de la marca que utilizan y solo contribuyen a enriquecer cada día más el mercado de estas multinacionales, las cuales basan su éxito en la explotación de terceros.
De la misma manera podemos ver que los espacios visuales de los individuos son contaminados por anuncios donde hay una clara discusión entre los espacios que son contaminados de multinacionales o los que son contaminados por grafitis urbanos, casi siempre siendo los primeros permitidos como legales mientras los segundos son castigados y no permitidos.
Estas marcas ya no quieren ser parte de una cultura; por el contrario, intentan implantarse como una cultura misma. La marca siempre busca estar en primer plano, por ello las culturas se despersonalizan ya que la marca se convierte en protagonista.
La mayoría de las marcas, además de aportar una identidad al individuo, le brindan cierto estatus en una escala social; éstas se vuelven tan esenciales en las vidas cotidianas, a tal punto que pierden horas comentando sobre las nuevas marcas o nuevos productos que ofrecen, olvidándose de los verdaderos problemas de la actualidad y convirtiéndose en seres indiferentes e insensibles a la realidad.
Naomi Klein nos dice que los consumidores llegan a tal punto de “deshumanizarse” gracias a las marcas y se olvidan totalmente de la necesidad de su consumo y se convierten en superficiales y comerciales, importándoles así solo la imagen que las marcas ofrecen.
Los consumidores realmente deberían interesarse en lo que desean consumir y no lo que quieren parecer, ya que lo único que logran es crear más disputas sociales por estatus y enriquecen cada día más a multinacionales indiferentes a nuestras necesidades como consumidores y trabajadores; debido a ello, las personas deberían dejar de preocuparse por la visión social que les brinda una marca y poner más atención a la utilidad que los productos le representan.
